lunes, octubre 23, 2017

P. Juan Schiavo


Sacerdote

En Caxias do Sul, Brasil, Venerable Juan Schiavo, Sacerdote profeso de la Congregación de San José (Josefinos de Murialdo) († 1967)
Breve Biografía

El Padre Juan Schiavo, nació en Sant’Urbano, un pequeño pueblo en las colinas de Montecchio Maggiore (Vicenza) el 8 de julio de 1903.
Fue educado según los principios de la vida cristiana y su familia y la Iglesia fueron los protagonistas de su formación. Todas sus prédicas fueron fuertes y profundas. Pidió para ser misionero y fue enviado a Brasil, llegando el día 5 de setiembre de 1931 a Rio Grande do Sul a Jaguarao.
Durante 1935 y 1936 el Padre Juan Schiavo fue director de la escuela y párroco en Galópolis.
Luego, en 1940 fue iniciador de la Escuela Normal Rural Murialdo y en 1941 funda el Seminario Josefino de Fazenda Souza, municipio de Caxias do Sul y es el primer director de esa obra que marcaría sucesivas generaciones de vocacionados hasta nuestros días.
Sus pensamientos cuando quería dar inicio a alguna obra importante eran: DONACIÓN, SACRIFICIO Y ORACIÓN.
¡Cuántas noches de vigilia pasadas rezando a los pies de Jesús Eucarístico!


Es maestro espiritual de evangelizados y evangelizadores, predicador, profesor, maestro de novicios, fundador y director del Seminario provincial hasta llegar a la plenitud del carisma del Fundador, transformándose en un Josefino ejemplar, verdadero imitador de San Leonardo Murialdo.
Fundó, también, el Abrigo de Menores que es el actual Centro Técnico Social. Esta obra fue pensada teniendo en mente los “Artigianelli”, o sea, Los Artesanitos, casa madre de Turín. Proyectó una labor semejante con internado, escuela y diversas habilitaciones profesionales, siguiendo el lineamiento primero de la Congregación.
Continuó  realizando fundaciones semejantes y sirviendo a todos por igual.
Ha dejado recuerdos imborrables y ha sido un ejemplo de vida. En la actualidad y desde el día de su muerte -ocurrida el 27 de enero de 1967, en Caxias do Sul- comenzó la peregrinación hacia su tumba, y según los amigos y devotos que a él acuden, muchas gracias han sido alcanzadas por intercesión de aquel que pasó por la vida sirviendo y amando a todos sin distinción.
A la vista de su reputación de santidad sin cambios, los Josefinos de Murialdo introdujeron la causa de beatificación, misma que concluyó el pasado 1 de diciembre de 2016 cuando el Santo Padre Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación del decreto reconociendo un milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios Giovanni (Juan) Schiavo luego de que los consultores emitieran una opinión positiva.
El milagro hace referencia a la curación inexplicable de  Juvelino Carra, que en octubre de 1997 llegó al hospital Saúde de Caxias do Sul sufriendo un dolor intestinal agudo, se le diagnosticó una peritonitis severa, dictamen que fue confirmado mediante pruebas de laboratorio y se programó una cirugía de emergencia. Después de abrir el abdomen, el cirujano descubre una trombosis aguda en la arteria mesentérica superior en toda el área del intestino delgado, al ver aquello los médicos desistieron de la intervención y lo llevaron a terapia intensiva para esperar su inminente muerte.
La esposa tomó una estampita con la imagen y oración del padre Juan Schiavo y comenzó a rezar y a pedir su sanación. Una semana después, el hombre fue dado de alta sin problemas ni secuelas.
Después de 12 años de ocurrida esta curación, durante el proceso investigativo sobre el presunto milagro, las evaluaciones del personal médico del Vaticano confirmaron el normal estado de la salud de Juvelino.

El sábado 4 de febrero la Santa Sede confirmó la fecha de la beatificación del Siervo de Dios, P. Joao Schiavo, sacerdote de la Congregación de los Josefinos de Murialdo que vivió durante 35 años en Brasil.

La celebración se llevará a cabo el 28 de octubre de 2017 en el municipio brasileño de Caxias do Sul y será presidida por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato.

De acuerdo al sitio web de la diócesis de Caxias do Sul, el postulador de la causa de beatificación, el P. Orides Ballardin, consideró que el proceso fue relativamente rápido.

"Todo comenzó en 2001. Recientemente se celebró el 50 aniversario de la muerte del P. Joao Schiavo y, dentro de poco, se cumplirán los 20 años del milagro reconocido cuando se realice la beatificación, en el mes de octubre", expresó.

La celebración de beatificación es organizada por la Congregación de las Hermanas Murialdinas de San José y la Congregación de los Josefinos de Murialdo. También se suma la Asociación de Amigos del P. John Schiavo y el apoyo de los feligreses de la comunidad caxiense.


Se espera que miles de fieles procedentes de todo Brasil y el extranjero asistan a la ceremonia. De acuerdo con la difusora de la devoción al P. Schiavo, la religiosa Leda Borelli, explicó que dos aviones llegarán desde Argentina donde están presentes los Josefinos y Murialdinas.

El decreto del milagro atribuido al P. John Schiavo fue autorizado por el Papa Francisco en diciembre del año pasado. El milagro fue la curación de Juvelino Carra, que sufría de un problema intestinal grave y sin cura.

Ante esta noticia, la esposa de Juvelino se agarró fuertemente a una imagen del P. Joao Schiavo y le dijo: "Padre Joao, debe curar a mi marido, le debe ayudar, se le debe llevar a casa".

Con las oraciones llegó rápido la curación de su esposo, que para sorpresa de los médicos y familiares, comenzó a mostrar signos de mejora. En siete días fue dado de alta sin presentar problemas o secuelas.

Después de 12 años de ocurrido el hecho, durante el procedimiento sobre el presunto milagro, las evaluaciones del personal médico del Vaticano confirmaron el estado normal de salud de Juvelino.

Su historia

Nacido en Sant'Urbano de Montecchio Maggiore, Italia el 8 de julio de 1903, el Padre. Schiavo tiene gran devoción, sobre todo en el sur de Brasil, donde desarrolló su trabajo misionero.

El P. Joao Schiavo nació en Italia el 8 de julio de 1903. Desde muy temprana edad expresó su deseo de ser sacerdote y dio el primer paso al unirse a la Congregación de los Josefinos de Murialdo, donde hizo su primera profesión en 1919.


Fue ordenado sacerdote el 10 de julio de 1927, a los 24 años. Cuatro años más tarde, se dio cuenta de que también añoraba ser misionero.

Obediente a sus superiores fue enviado a Brasil, donde llegó el 5 de septiembre de 1931 y en pocas semanas viajó a Caxias do Sul para encargarse de formación de los candidatos a la Congregación de los Josefinos de Murialdo.

Desde su llegada en suelo brasileño el P. Schiavo desarrolló una intensa actividad profesional y fue el primer maestro de novicios de la misión Josefina. Además, fundó varias obras para el beneficio de los niños y jóvenes pobres.

Entre 1947 y 1956 fue el primer Superior Provincial de los Josefinos en Brasil. Y después de su retiro, siguió prestando servicio a su congregación y a las Hermanas Murialdinas de San José.

La salud del P. Schiavo se deterioró a fines de noviembre de 1966 y murió el 27 de enero de 1967. Cuando falleció ya se había extendido su fama de santidad.

domingo, abril 16, 2017

Regina caeli, laetare, alleluia.


Regina caeli, laetare, alleluia.

Quia quem meruisti portare, alleluia.

Resurrexit, sicut dixit, alleluia.

Ora pro nobis Deum, alleluia.

Gaude et laetare Virgo María, alleluia.

Quia surrexit Dominus vere, alleluia.


Reina del cielo, alégrate, aleluya.
 Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.
Ha resucitado según su palabra, aleluya.
Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.


Oremos: 

Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen

jueves, abril 13, 2017

SANTA MISA DEL CRISMA

SANTA MISA DEL CRISMA

TEXTO COMPLETO: Homilía del Papa Francisco en la Misa Crismal del Jueves Santo 2017

 VATICANO, 13 Abr. 17 / 03:23 am (ACI).- El Papa Francisco presidió en la mañana del Jueves Santo la Santa Misa Crismal en la Basílica de San Pedro.
Durante la celebración, los sacerdotes renovaron las promesas hechas en el momento de la Sagrada Ordenación y después se procedió a la bendición del aceite de los enfermos, del aceite de los catecúmenos y de la confirmación.
Francisco habló de la Buena Noticia y afirmó que “nunca la misericordia de la Buena Noticia podrá ser una falsa conmiseración, que deja al pecador en su miseria porque no le da la mano para ponerse en pie y no lo acompaña a dar un paso adelante en su compromiso”.
A continuación, el texto completo:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena noticia a los pobres, me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos» (Lc 4, 18). El Señor, Ungido por el Espíritu, lleva la Buena Noticia a los pobres. Todo lo que Jesús anuncia, y también nosotros, sacerdotes, es Buena Noticia. Alegre con la alegría evangélica: de quien ha sido ungido en sus pecados con el aceite del perdón y ungido en su carisma con el aceite de la misión, para ungir a los demás. Y, al igual que Jesús, el sacerdote hace alegre al anuncio con toda su persona. Cuando predica la homilía, —breve en lo posible— lo hace con la alegría que traspasa el corazón de su gente con la Palabra con la que el Señor lo traspasó a él en su oración. Como todo discípulo misionero, el sacerdote hace alegre el anuncio con todo su ser. Y, por otra parte, son precisamente los detalles más pequeños —todos lo hemos experimentado— los que mejor contienen y comunican la alegría: el detalle del que da un pasito más y hace que la misericordia se desborde en la tierra de nadie. El detalle del que se anima a concretar y pone día y hora al encuentro. El detalle del que deja que le usen su tiempo con mansa disponibilidad…
La Buena Noticia puede parecer una expresión más, entre otras, para decir «Evangelio»: como buena nueva o feliz anuncio. Sin embargo, contiene algo que cohesiona en sí todo lo demás: la alegría del Evangelio. Cohesiona todo porque es alegre en sí mismo.
La Buena Noticia es la perla preciosa del Evangelio. No es un objeto, es una misión. Lo sabe el que experimenta «la dulce y confortadora alegría de anunciar» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 10).
La Buena Noticia nace de la Unción. La primera, la «gran unción sacerdotal» de Jesús, es la que hizo el Espíritu Santo en el seno de María.
En aquellos días, la feliz noticia de la Anunciación hizo cantar el Magníficat a la Madre Virgen, llenó de santo silencio el corazón de José, su esposo, e hizo saltar de gozo a Juan en el seno de su madre Isabel.
Hoy, Jesús regresa a Nazaret, y la alegría del Espíritu renueva la Unción en la pequeña sinagoga del pueblo: el Espíritu se posa y se derrama sobre él ungiéndolo con oleo de alegría (cf. Sal 45,8).
La Buena Noticia. Una sola Palabra —Evangelio— que en el acto de ser anunciado se vuelve alegre y misericordiosa verdad.
Que nadie intente separar estas tres gracias del Evangelio: su Verdad —no negociable—, su Misericordia —incondicional con todos los pecadores— y su Alegría —íntima e inclusiva—.
Nunca la verdad de la Buena Noticia podrá ser sólo una verdad abstracta, de esas que no terminan de encarnarse en la vida de las personas porque se sienten más cómodas en la letra impresa de los libros.
Nunca la misericordia de la Buena Noticia podrá ser una falsa conmiseración, que deja al pecador en su miseria porque no le da la mano para ponerse en pie y no lo acompaña a dar un paso adelante en su compromiso.
Nunca podrá ser triste o neutro el Anuncio, porque es expresión de una alegría enteramente personal: «La alegría de un Padre que no quiere que se pierda ninguno de sus pequeñitos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 237). La alegría de Jesús al ver que los pobres son evangelizados y que los pequeños salen a evangelizar (cf. ibíd., 5).
Las alegrías del Evangelio —lo digo ahora en plural, porque son muchas y variadas, según el Espíritu tiene a bien comunicar en cada época, a cada persona en cada cultura particular— son alegrías especiales. Vienen en odres nuevos, esos de los que habla el Señor para expresar la novedad de su mensaje. Les comparto, queridos sacerdotes, queridos hermanos, tres íconos de odres nuevos en los que la Buena Noticia cabe bien, no se avinagra y se vierte abundantemente.
Un ícono de la Buena Noticia es el de las tinajas de piedra de las bodas de Caná (cf. Jn 2,6). En un detalle, espejan bien ese Odre perfecto que es —Ella misma, toda entera— Nuestra Señora, la Virgen María. Dice el Evangelio que «las llenaron hasta el borde» (Jn 2,7). Imagino yo que algún sirviente habrá mirado a María para ver si así ya era suficiente y habrá sido un gesto suyo el que los llevó a echar un balde más. María es el odre nuevo de la plenitud contagiosa. «Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 286), Nuestra Señora de la prontitud, la que apenas ha concebido en su seno inmaculado al Verbo de vida, sale a visitar y a servir a su prima Isabel. Su plenitud contagiosa nos permite superar la tentación del miedo: ese no animarnos a ser llenados hasta el borde, esa pusilanimidad de no salir a contagiar de gozo a los demás. Nada de eso: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús» (Ibíd., 1)
El segundo ícono de la Buena Noticia es aquella vasija que —con su cucharón de madera—, al pleno sol del mediodía, portaba sobre su cabeza la Samaritana. Refleja bien una cuestión esencial: la de la concreción. El Señor —que es la Fuente de Agua viva— no tenía «con qué» sacar agua para beber unos sorbos. Y la Samaritana sacó agua de su vasija con el cucharón y sació la sed del Señor. Y la sació más con la confesión de sus pecados concretos. Agitando el odre de esa alma samaritana, desbordante de misericordia, el Espíritu Santo se derramó en todos los paisanos de aquel pequeño pueblo, que invitaron al Señor a hospedarse entre ellos.
Un odre nuevo con esta concreción inclusiva nos lo regaló el Señor en el alma samaritana que fue Madre Teresa. Él llamó y le dijo: «Tengo sed», «pequeña mía, ven, llévame a los agujeros de los pobres. Ven, sé mi luz. No puedo ir solo. No me conocen, por eso no me quieren. Llévame hasta ellos». Y ella, comenzando por uno concreto, con su sonrisa y su modo de tocar con las manos las heridas, llevó la Buena Noticia a todos.
El tercer ícono de la Buena Noticia es el Odre inmenso del Corazón traspasado del Señor: integridad mansa —humilde y pobre— que atrae a todos hacia sí. De él tenemos que aprender que anunciar una gran alegría a los muy pobres no puede hacerse sino de modo respetuoso y humilde hasta la humillación. No puede ser presuntuosa la evangelización. No puede ser rígida la integridad de la verdad. El Espíritu anuncia y enseña «toda la verdad» (Jn 16,13) y no teme hacerla beber a sorbos. El Espíritu nos dice en cada momento lo que tenemos que decir a nuestros adversarios (cf. Mt 10,19) e ilumina el pasito adelante que podemos dar en ese momento. Esta mansa integridad da alegría a los pobres, reanima a los pecadores, hace respirar a los oprimidos por el demonio.
Queridos sacerdotes, que contemplando y bebiendo de estos tres odres nuevos, la Buena Noticia tenga en nosotros la plenitud contagiosa que transmite con todo su ser nuestra Señora, la concreción inclusiva del anuncio de la Samaritana, y la integridad mansa con que el Espíritu brota y se derrama, incansablemente, del Corazón traspasado de Jesús nuestro Señor. 

Jueves Santo: El Papa lava los pies de 12 reclusos e invita a pensar en el amor de Dios

VATICANO, 13 Abr. 17 / 10:34 am (ACI).- El Papa Francisco celebró la “Messa in Coena Domini” con el rito del lavatorio de los pies en la prisión de Paliano, en la provincia de Frosinone y diócesis de Palestrina, a unos 70 kilómetros de Roma.


“Jesús sabía que iba a sería traicionado por Judas. Habiendo amado a los suyos, Dios ama así, hasta el final. Y da la vida por cada uno de nosotros y se orgullece de esto y quiere esto porque Él es amor, amar hasta el final, que no es fácil porque todos nosotros somos pecadores tenemos defectos límites… todos sabemos amar, pero no somos como Dios nos ama. Sin mirar las consecuencias, hasta el fin”, dijo el Papa en la breve homilía que pronunció de forma improvisada.

Como ya informó el Vaticano en su día, la visita del Pontífice tuvo un carácter estrictamente privado y no hubo imágenes para proteger la intimidad de los detenidos.
A las 15 horas de Roma, el Papa Francisco dejó su residencia, la Casa Santa Marta, para acudir a esta prisión. A su llegada, una hora más tarde, fue acogido por la directora y por el capellán, el P. Luigi Paoletti y luego se desplazó hasta la Plaza de Armas donde saludó al personal que trabaja en la prisión.
Tras el breve encuentro, el Pontífice se trasladó hasta la sala llamada “Unidad de Italia”, donde se encontró con 58 detenidos “colaboradores de la justicia”, es decir, que en su mayoría han participado en actividades de crimen organizado y han ayudado a esclarecer delitos vinculados usualmente a las mafias. La figura de colaborador de la justicia en Italia no exime a la persona de una pena de cárcel, como sí ocurre en otros países.
Otros 2 detenidos, un hombre y una mujer, le encontraron de manera separada ya que se encuentran en régimen de aislamiento, al igual que otras 8 personas enfermas de tuberculosis a los que saludó a continuación.
Después celebró la Misa y lavó los pies a 12 detenidos, entre ellos 3 mujeres y un musulmán que será bautizado el próximo mes de junio, convirtiéndose así al catolicismo. También fueron bautizados un argentino y un albanés, siendo el resto de nacionalidad italiana.
Entre ellos, 2 están condenados a cadena perpetua y los demás deberán concluir su pena entre los años 2019 y 2073.
Francisco destacó cómo Jesús, siendo “el jefe”, siendo “Dios” lava los pies a sus discípulos. “Eso de lavar los pies era una tradición que se hacía en la época antes de los almuerzos y las comidas, porque era gente que venia del camino y estaba sucia, con polvo del camino. Uno de los gestos para recibir una persona en casa era lavarle los pies, pero esto lo hacían los esclavos”.
“Jesús lo hizo así. Simón Pedro no quería hacerlo, pero Jesús le explicó que era así, que Él había venido al mundo para servir, para servirnos, para hacerse esclavo para nosotros, para dar la vida por nosotros y amar hasta el final”.
“Cuando venía de camino a esta prisión, había gente que saludaba porque venía el Papa. Pero el jefe de la Iglesia es Jesús. El Papa es la figura de Jesús. Yo quisiera hacer lo mismo que Él ha hecho. En esta ceremonia el párroco lava los pies a los fieles. Siempre el más grande debe hacer el trabajo de esclavo”, dijo a los reclusos.
El Papa comentó también que “para sembrar amor entre nosotros, no os digo que hoy vayáis los unos a los otros a lavaros los pies, pero el símbolo, la figura sí. Pido que si podéis realizar alguna ayuda, un servicio a tu compañero aquí en cárcel, lo hagáis porque esto es amor, esto es como lavar los pies, ser siervo de los otros”.
“Una vez los discípulos discutieron entre ellos sobre quién era el más grande, el más importante. Y Jesús dijo: ‘el que quiera ser más importante debe hacerse el más pequeño y el servidor de todos’. Así hace Él con nosotros. Todos nosotros somos pobres, pero Él es grande, es bueno y nos ama así como somos”.
Al concluir, Francisco pidió pensar “en Dios, en Jesús”. “Esta no es una ceremonia folclórica, es un gesto para recordar lo que ha dado Jesús. Después de esto tomó el pan y nos dio su cuerpo, tomó el vino y nos dio su sangre. Así es el amor de Dios con nosotros.
Los reclusos de la cárcel obsequiaron a Francisco con varios regalos: productos de su huerta biológica, cruces elaboradas con madera de olvido, un mantel de lana blanca y algunos dulces.

viernes, marzo 03, 2017

CUARESMA

Tiempo de Cuaresma

El porqué del Ayuno y demás prácticas penitenciales

Durante la Cuaresma, mediante el ayuno y demás prácticas penitenciales, nos vamos incorporando a la obra redentora del Mesías de un modo más perfecto. Nuestra alma, si alejada o rebelde a Dios, está sometida al demonio, al mundo y a la carne. Y precisamente, en todo este santo tiempo nos muestra la Iglesia a Jesús ya en el desierto, ya en los azares de su vida pública, combatiendo para librarnos de la triple atadura del orgullo, de la avaricia y de la lujuria, que esclavizan a las criaturas. Jesús, cuando por su doctrina y sus dolores nos haya redimido del cautiverio y restituido la libertad de hijos de Dios, nos dará, en las fiestas Pascuales, la vida divina, que habíamos perdido. De ahí que la liturgia cuaresmal esté embebida de las enseñanzas del Maestro y en el espíritu de penitencia del Redentor.


Bien podemos considerar todo este tiempo como un gran retiro espiritual, en la cual deben entrar todos los cristianos del mundo, para disponerse a la fiesta Pascual. Así como Jesús, retirándose del tráfago del mundo, oró y ayunó durante 40 días, y luego en su vida del apostolado nos enseño como hemos de morir a nosotros mismos, así también la Iglesia, en esta santa Cuaresma, nos predica como ha de morir en nosotros el hombre del pecado.

Esta muerta se manifestará en nuestra alma por la lucha contra el orgullo y el amor propio, por el espíritu de oración y la meditación más asidua de la palabra divina. Se manifestará también en nuestro cuerpo por el ayuno, la abstinencia y la mortificación de los sentidos. Aparecerá por fin, en toda nuestra vida mediante una renuncia mayor a los placeres y bienes del siglo, dando más limosna a los pobres y absteniéndonos en lo posible de alternar en fiestas mundanales. Porque, en efecto, el ayuno cuaresmal no debe ser sino la expresión de los sentimientos de penitencia, de que nuestra alma está embargada, ocupándose tanto más libremente de las cosas de Dios y negándose en ofrecimiento a Él. Así, este tiempo favorable, cual ningún otro, es para los corazones generosos fuente de santa alegría, la cual transpira por todos los poros de la liturgia cuaresmal.

Esa labor de purificación se obra bajo la dirección de la Iglesia, que une nuestros padecimientos con los de Cristo. Los débiles pueden confiar en que la gracia de Jesús no les ha de faltar. Los fuertes no tienen razón para engreírse por su observancia puesto que sólo la Pasión de Jesús es la que les salva, y sólo, participando en ella, por la paciencia se les aplicarán sus frutos de salud.